viernes, 13 de abril de 2012

EL FANTASMA DE MADAME V





El Fantasma de Madame V


El

siguiente suceso fue recogido y estudiado por el gran

parapsicólogo francés Robert Tocquet, profesor

de la Escuela de Antropología y miembro del Consejo

Directivo del Instituto Metapsíquico Internacional

de París. En el cual el fantasma fue, además,

fotografiado dos veces.




El principal testigo de este caso fue una señora,

quien confió sus notas escritas a Robert Tocquet,

rogándole que no revelase su nombre, a medida que

se desarrollaban los hechos. Por sugerencia de Tocquet,

"Madame V." trató de hacer algunas atrevidas

experiencias en un gran caserón del siglo XVII,

Le Prieuré (El Priorato), donde tuvieron lugar

los hechos. Allí, efectivamente, había residido

una comunidad de frailes, que fue disuelta durante la

Revolución Francesa, y su prior fue torturado y

muerto.

"Madame V." quiso pasar una temporada de

descanso en el lugar arriba mencionado, le Prieuré.

El día 6 de julio de 1955 se alojó allí

con sus dos hijos, de veinte y treinta años,

cuyos nombres respectivos eran Jean y Gaston. A los

cuatro días de estar instalados allí,

el fantasma de un monje encapuchado y sin manos se apareció

a la señora en su habitación, que había

sido, en tiempos pasados la habitación del prior.


"Madame V." relato su experiencia:


Aquella noche del 10 de julio, vi por primera vez vagar

por mi habitación una sombra oscura, formada

por una niebla opaca, detrás de la cual parecía

haber una luz. Aquella sombra, de forma humana, llevaba

una larga vestimenta, un manteo, y parecía tener

la cabeza cubierta por una capucha.







La sombra avanzó

lentamente hacia mí. Presa de espanto, me senté

en la cama, con la espalda contra la pared y la garganta

seca. Estaba helada pero al mismo tiempo sudaba. Quise

levantarme, gritar, pero ningún sonido salía

de mi boca: un terror indescriptible me mantenía

clavada allí.


La sombra avanzó hasta situarse ante la chimenea,

entonces se arrodilló y yo sentí el golpe

de sus rodillas contra el pavimento. Se prosternó

tres veces, con las mangas juntas, en un gesto de súplica.

Después de permanecer mucho tiempo arrodillada,

se prosternó de nuevo tres veces más,

se alzó poco a poco y se encaminó hacia

la puerta de una pequeña habitación que

se encuentra al lado de una alcoba. Pocos segundos después

noté como la caída de un cuerpo a tierra,

dentro de la pequeña habitación.





La pobre señora pasó el resto de la noche

despierta, mientras su corazón latía desordenadamente.

La luz del día, por fin, entró en la habitación

y la señora se levantó para ir al jardín,

donde lucía un sol radiante.









Pasaron unas cuantas semanas sin que

nada sucediera. "Madame V.", interiormente,

deseaba el retorno de la aparición, porque lamentaba

no haber trabado conversación con ella. Este

deseo, no formulado, no tardó en cumplirse. Una

tarde, cuando ya se había acostado, la puerta

de la habitación se abrió lentamente y

el espectro del viejo monje entró. Traía

consigo un fuerte olor a moho, a tumba. Muy espantada,

la señora vio que la aparición lloraba;

sus espaldas se sacudían como si sollozase, y

por tres veces, dio golpes en el suelo con la cabeza.

Cada vez, una voz extraña, indescriptible, que

parecía venir de lejos, decía: "Dios

mío, misericordia, tened piedad de mí;

tened piedad, Dios mío, perdonadme, Jesús.





Se inició entonces un extraordinario diálogo

entre la señora y la aparición: ésta

comenzó por recriminarla por alojarse en un lugar

que pertenecía a los religiosos; después

le hizo una serie de profecías. Dijo que el globo

terrestre estallaría por la locura de los hombres;

Europa, Asia y África se sumergirían y

no quedaría emergida más que la parte

sur de América.





Luego el fantasma habló de un cautivo al que

había dejado morir en un calabozo; en otras entrevistas

con la señora, le habló de una imagen

de la Virgen que estaba rota y enterrada en un lugar

del jardín -donde, efectivamente, fue encontrada-

y dijo que a él lo habían matado los revolucionarios,

que le cortaron las manos y lo emparedaron. Rogó

que rezasen por él.


Los hijos de "Madame

V." terminaron dándose cuenta de que a su

madre le pasaba algo: adelgazaba, estaba pálida

y mostraba un gran desasosiego. Aconsejada por Tocquet,

la señora habló finalmente de la aparición

a sus hijos, que de momento no le creyeron... hasta

que Jean, el pequeño, también lo vio,

cosa que le trastornó de sobremanera. Tocquet

les dijo entonces que trataran de fotografiar al fantasma

y, si les fuese posible, lo tocaran. Ambas cosas se

realizaron: el fantasma fue fotografiado dos veces por

Jean el 26 de octubre de 1959, y a finales de noviembre,

la señora se tropezó con el monje espectral

en un relleno de la escalera y, sin pensarlo dos veces,

toda ella en tensión, le puso la mano a la altura

de la cintura, aunque eso si, con los ojos cerrados.

Inmediatamente sintió un violento golpe en el

mismo lugar de su propio cuerpo, y después un

frío glacial, que casi la ahogaba, mientras la

forma se disgregaba ante ella y ante Jean, que había

asistido a la escena desde el pie de la escalera. Casi

inmediatamente las manos de la señora se hincharon

y notó un dolor intenso, como de quemaduras producidas

por el frío. La hinchazón y las pequeñas

quemaduras duraron muy bien un par de meses y tuvieron

ocasión de ser examinadas por Robert Tocquet.

"El fantasma estaba formado por una especie de

vapor glacial, ligeramente viscoso. Por debajo no había

nada; ningún esqueleto, que era lo que yo pensaba

encontrar", explicó la señora al

parapsicólogo.


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